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Venezuela: lo que realmente ha pasado y lo que puede venir

En los últimos días, Venezuela ha vuelto a ocupar titulares en todo el mundo. Explosiones, movimientos militares, presión internacional, acusaciones cruzadas y mucha confusión. Para entender lo que ha pasado hasta ahora, conviene apartarse un poco de la propaganda, tanto del gobierno venezolano como de Estados Unidos y de quienes defienden a uno u otro bando.

No se trata de democracia ni de libertad
Lo primero que hay que decir con claridad es esto: Estados Unidos no actúa movido por la defensa del pueblo venezolano, ni por amor a la democracia o a los derechos humanos. Eso ya lo hemos visto muchas veces en otros países. Cuando una gran potencia interviene, directa o indirectamente, lo hace para defender sus propios intereses económicos y estratégicos.

Hablar de lucha contra el narcotráfico o de restaurar la democracia sirve para justificar acciones que, en el fondo,tienen que ver con control político, recursos naturales y poder regional.

Tampoco se trata de defender la “soberanía”
Por otro lado, el gobierno venezolano y sus aliados presentan lo ocurrido como un ataque imperialista contra la soberanía nacional. Pero aquí hay otra verdad incómoda: el Estado venezolano tampoco representa los intereses de la mayoría de la población trabajadora.

Durante años, millones de personas han sufrido inflación, bajos salarios, emigración forzada, deterioro de servicios y represión. Todo eso ocurrió sin intervención extranjera directa, bajo un gobierno que decía gobernar en nombre del pueblo.

¿Hubo un cambio real?
Se habla mucho de “cambio de régimen”, pero en realidad lo que está ocurriendo es, como mucho, un cambio de administradores del mismo sistema.

Mientras exista:

  • trabajo asalariado,
  • producción para el mercado,
  • desigualdad social,
  • un Estado que protege la propiedad y el poder de una minoría,

la vida de la mayoría no cambia de fondo. Cambiar un presidente o un grupo dirigente no cambia el sistema que produce pobreza e inseguridad.

¿Habrá más ataques o más presión?
Nadie puede predecir con exactitud lo que pasará, pero hay una lógica clara: mientras Venezuela siga siendo un país estratégico por su petróleo y su posición geográfica, la presión continuará, ya sea militar,económica o diplomática.

Esto no depende de si un gobierno es “bueno” o “malo”, sino de cómo funcionan los Estados en un mundo capitalista en competencia permanente.

El papel de China y otras potencias
Algunos creen que China o Rusia son una alternativa más justa frente a Estados Unidos. Pero estas potencias no actúan por solidaridad, sino por sus propios intereses.

China invierte, presta dinero y negocia para asegurar: acceso a recursos, beneficios económicos, influencia internacional. No es una lucha entre buenos y malos, sino una disputa entre grandes poderes, en la que los pueblos quedan atrapados en medio.

¿Traición interna?
Se habla mucho de traiciones, pero ese lenguaje suele confundir más de lo que aclara.

Los altos cargos, militares y políticos no traicionan al pueblo, porque nunca gobernaron en su nombre, sino en función de sus propios intereses y privilegios.

Cuando cambian de bando o negocian, lo hacen para proteger su posición, no para mejorar la vida de la mayoría.

¿Quién pierde con todo esto?
La respuesta es clara: la clase trabajadora venezolana, como también la estadounidense y la de otros países.

Los trabajadores: no deciden las guerras, no se benefician de las sanciones, no controlan los recursos, y siempre pagan el precio con más inseguridad y menos futuro.

Una conclusión incómoda pero necesaria
Lo que ocurre en Venezuela no se resolverá eligiendo entre Maduro o Estados Unidos, ni entre Washington o Pekín. Todos operan dentro del mismo sistema, un sistema que pone el beneficio y el poder por encima de las necesidades humanas. Mientras ese sistema siga intacto, las crisis se repetirán, con distintos nombres y distintos países, pero con los mismos perdedores.

La verdadera solución no vendrá de líderes, ejércitos ni potencias extranjeras, sino de la organización consciente de la gente común, aquí y en todo el mundo, para construir una sociedad donde la producción y la riqueza estén al servicio de todos y no de unos pocos.

SOCIALISTA MUNDIAL

 

PDH