¿Va el socialismo en contra de la naturaleza humana?

¿Cuántas veces no oímos “Así es la naturaleza humana”? Y las más de las veces aplicada la frase a una conducta antisocial, queriendo decir que ésta es algo que no puede evitarse. Lo curioso es que la frase no se pronuncie ante las mejores cosas que la gente puede hacer. Al oír que alguien acaba de arriesgar su vida para salvar a otro, quién sabe por qué no nos sentimos inclinados a decir lo mismo: “Así es la naturaleza humana”. Y sí, es la naturaleza humana.

La idea de “naturaleza humana” es principalmente un reflejo de una sociedad divisiva, desintegradora, que es incapaz de crear una vida decente para todos sus miembros. Luego se racionaliza esta falla como el punto de vista pesimista de que toda la gente (principalmente la demás gente) es inherentemente egoísta, codiciosa y floja. Esta perspectiva se esgrime como objeción al socialismo, recurriendo a todas las manifestaciones ruines de comportamiento humano bajo el capitalismo para negar la posibilidad de una sociedad basada en la igualdad y la cooperación voluntaria.

El comportamiento no está programado genéticamente

Refuerzan este prejuicio las afirmaciones de que nuestro comportamiento y nuestras relaciones resultan de la forma en que estamos biológica o genéticamente programados. Estos argumentos se centran en la competencia, el liderazgo, la posesividad, la agresión, la desigualdad social y la sexual y un presunto impulso a la territorialidad; pero todos estos patrones de comportamiento reflejan también al capitalismo

La llegada del capitalismo es un fenómeno relativamente reciente de la historia humana, noventa por ciento de la cual se refiere a los humanos como cazadores-recolectores, que vivían en tribus pequeñas e iban de un lugar a otro. Esto terminó con la invención de la agricultura hace unos diez mil años y de ahí en adelante ha seguido toda una variedad de formas de organización social que se han dado en diferentes partes del mundo. Si nuestros avenimientos sociales fueran determinados por nuestra biología, entonces nunca habría surgido toda esta diversidad de comportamientos, de relaciones y de cultura.

Los testimonios científicos reales muestran que los humanos son capaces de adaptarse para enfrentar los retos presentados por los medios natural y social dentro de los cuales el ser humano ha tenido que vivir.

Los datos del proyecto genoma humano, recientemente dados a conocer, apoyan la concepción de la adaptabilidad de los seres humanos. El Dr. Craig Venter, presidente y científico jefe de Celera Geonomics (la firma privada que desea patentar los genes para hacer negocio y así nadie pueda ser sospechoso de abrigar intenciones anticapitalistas o pro socialistas) declaró en la conferencia de prensa convocada por la Revista Science que publicó los resultados ya comprobados en su número de febrero 16.

“Este primer vistazo a nuestro código genético arroja muchas sorpresas que tienen consecuencias importantes para la humanidad. Desde el anuncio del 26 de junio de 2000 nuestra comprensión del genoma humano ha cambiado desde sus fundamentos mismos. El pequeño número de genes—30,000 en lugar de 140,000—apoya la noción de que no nos rige un circuito impreso. Sabemos ahora que es falsa la noción de que un gen dirige a una proteína y tal vez a una enfermedad. Un gen conduce a muchos productos diferentes y estos productos—proteínas—pueden cambiar espectacularmente después de que son producidos. Sabemos que regiones del genoma que no son genes pueden ser la clave de la complejidad que contemplamos en los seres humanos. Ahora sabemos que el medio que actúa sobre estos pequeños escalones biológicos puede ser decisivo en hacernos lo que somos. Del mismo modo, el número de variaciones genéticas, notablemente pequeño, que se presentan en los genes sugieren que las influencias ambientales tienen un papel crucial en el desarrollo de la unicidad de cada uno de nosotros.”

Construcción de herramientas, lenguaje y pensamiento

Mientras que la naturaleza genética de los seres humanos deja mucho espacio para la variación del comportamiento, hay ciertos rasgos que todos nosotros compartimos y nos distinguen de otras especies animales. Entre éstos se hallan la habilidad de caminar erguidos, la visión binocular y a colores, manos con pulgares oponibles, órganos capaces de emitir los sonidos del habla y la capacidad de pensar conceptualmente. En estos rasgos físicos se asienta el polifacetismo de la especie humana tal y como está incorporado en su trabajo así como en el comportamiento social, por ejemplo en la acumulación de la experiencia compartida que puede ser legada de una generación a la siguiente. La construcción de herramientas, desde la técnica de trabajar la obsidiana durante el periodo paleolítico hasta las computadoras y los vehículos espaciales de hoy, es de importancia central para entender la historia humana.

Quizá esta tradición de hacer herramientas haya desempeñado un papel clave en el desarrollo de la conciencia humana. Las herramientas hechas por los primeros humanos objetivaron la existencia de quienes las labraron y al contemplarlas los hicieron conscientes de su propia existencia. Este reflejo de sus propias vidas en sus propias creaciones puede haberlos conducido a una consciencia intensificada del yo y con ello a una capacidad de pensar dentro de un marco temporal expandido de pasado, presente y futuro. El lenguaje se pudo desarrollar a partir de referencias básicas a los objetos materiales hasta niveles superiores de pensamiento abstracto que se expresaron en el desarrollo de una concepción cada vez más compleja de su mundo. Posiblemente fue entonces cuando la humanidad creó ideas y cultura, al paso que sus instintos perdieron importancia mientras que la ganaba la toma de decisiones. Por medio de esta interacción de las características humanas y el medio que fue en esencia el proceso de trabajo, la humanidad no sólo alteró sus condiciones de vida; también se cambió a sí misma. Y todo lo que hizo falta no fue un conjunto invariable de pautas de comportamiento programadas por codificación genética sino mediante la adaptabilidad.

Predisposición para la cooperación

Pero nada de esto habría sido posible sin cooperación. Naturalmente no puede decirse que la cooperación haya estado programada por nuestros genes, pero sí puede afirmarse que hubo una predisposición hacia ella por nuestra constitución física. La noción de que la cooperación fue esencial para la supervivencia y el desarrollo de la sociedad humana la apoya el trabajo del antropólogo Andrew Whiten. Argumenta que el igualitarismo, el compartir y el no predominio de ninguno fueron los rasgos más destacados en las sociedades de cazadores-recolectores. (Para adentrarse en la obra de Andrew Whiten, véase Caza, recolección y cooperación.

Cooperando con los demás en una división del trabajo incrementamos enormemente lo que podía producirse en mutuo beneficio. Además de estos beneficios materiales, la cooperación hace posible que nos desarrollemos como individuos. Nuestra individualidad crece y encuentra su expresión en relación con los demás, todos lo cual sería imposible en aislamiento social. En este proceso de desarrollo del individuo partimos de la sociedad en general y aun de las vidas de quienes vivieron en el pasado.

Se dice a veces que la cooperación es imposible porque hay un conflicto inherente entre el interés propio y el interés de los demás. La realidad es justamente lo contrario. Los intereses del individuo se realizan mejor cuando la gente trabaja en común.