¿Nación o Clase?


  El nacionalismo ha sido siempre uno de los grandes venenos para la clase trabajadora. Ha servido para dividir a los trabajadores entre distintos estados nacionales, no sólo de modo literal, sino ideológicamente. Hoy en día, probablemente sea justo decir que una mayoría de los trabajadores –en mayor o menor medida- se alinean a nivel doméstico con sus respectivas clases dominantes. Después de todo, la ideología del nacionalismo significa, en ultima instancia, que trabajadores y capitalistas que viven en un área geográfica particular, deben tener un interés común.

Así como en la mayoría de los mitos, hay algo de verdad en esto. Normalmente, un lenguaje común es compartido, y, de modo superficial, por lo menos, una “cultura” en común puede ser definida (por ejemplo el “British Way of Life”). Sin embargo, si uno investiga un poco más profundamente, un análisis tal no puede sostenerse. Los socialistas argumentamos que la sociedad mundial puede partirse entre dos grandes clases: capitalistas y trabajadores. Más allá de que muchos trabajadores encuentren difícil el comunicarse, y de entenderse los unos a los otros a raíz de las barreras idiomáticas o culturales, esto no altera el hecho de que todos son parte de una masa global explotada, que tiene más en común el uno con el otro, que con sus jefes nativos.

Un popular mito respecto del nacionalismo, es que él es sinónimo de fascismo. Esta es una peligrosa ilusión. El fascismo es la forma más degenerada del nacionalismo, pero cualquier clase de patriotismo, por más que sea de la más inocua, puede definirse como anti-clase obrera. Esto abarca desde el Partido Conservador hasta los Trotskystas, que se sienten obligados a defender a naciones pequeñas (por ejemplo, a Irak, en contra de poderosos como Estados Unidos.)

Todo lo cual nos lleva amablemente a la Copa del Mundo. Muchos socialistas juegan y miran fútbol, pero es una vergüenza que el nacionalismo (ya sea duro o moderado) contamine lo que debería ser un evento maravilloso. Por cierto, el “nacionalismo atlético” tiene un valor tremendo para la clase capitalista, dado que hace socialmente aceptable ser partidario de tu país. No sólo desvía la mente de los trabajadores de los problemas que los rodean, sino que permite a los políticos cosechar los frutos de cualquier factor de “sentirse bien” que surja de un buen conjunto de resultados