¿Gobierno o democracia?

¿Debemos votar en un nuevo gobierno? ¿O debemos enlazarnos con la lucha para anunciar una sociedad democrática?

En las naciones capitalistas donde hay elecciones, se le pide a la gente que seleccione un nuevo gobierno mediante lo que se dice que es un proceso democrático. Es cierto que el voto, junto con otros derechos arduamente ganados, como el de reunión, el de organizarse políticamente y la libre expresión, son de importancia primordial. ¿Pero del hecho de elegir un gobierno puede resultar una sociedad democrática? Gobernar es dirigir, controlar y mandar con autoridad. ***Operar como el estado esto es lo que hacen los gobiernos.*** Pero decir que la democracia es meramente el acto de elegir un gobierno para que impere sobre nosotros no puede ser cierto, porque la democracia debe incluir a toda la gente para que entre todos se decida cómo vivir y qué hacer de nosotros como comunidad. Democracia significa la falta de privilegios, tomar nuestras decisiones desde una posición de igualdad. Democracia significa que debemos vivir en una sociedad completamente abierta con acceso irrestricto a la información pertinente a los problemas sociales. Significa que debemos tener el poder de actuar conforme a las decisiones que tomemos, porque sin tal poder las decisiones son inútiles. Así, independientemente del color político del partido elegido para gobernar, ¿cómo la operación del estado se pone a la altura de lo que los socialistas argumentan que debe ser una sociedad democrática?

Para los socialistas el imperio del gobierno nunca puede ser democrático. Si bien puede incluir algunas funciones incidentales que surgen de las necesidades de la gente el trabajo principal del estado es el hacer funcionar una sociedad dividida en clases; un sistema de explotación económica. Principalmente los gobiernos trabajan par una sección privilegiada de la sociedad. Hacen las leyes que protegen los derechos de propiedad de una minoría que posee y controla los recursos naturales, la industria, la manufactura y el transporte. Estos son los medios de vida de los cuales todos nosotros dependemos, pero la mayoría de nosotros no tienen voz ni voto en la decisión de cómo deben utilizarse. Detrás del Parlamento los gobiernos operan en secreto. Son parte de la división del mundo en estados capitalistas rivales. Con el respaldo de sus fuerzas armadas persiguen los intereses de los capitalistas nacionales. Aunque los políticos que gobiernan hayan sido elegidos, el estado es lo opuesto de la democracia.

La producción es poseída y controlada por las empresas, algunas de ellas multinacionales con inmenso poder económico para tomar las decisiones sobre lo que debe producirse para los mercados a fin de vender con ganancia. Mediante la autoridad corporativa deciden cuánto de tal o cual mercancía debe producirse y las condiciones en las cuales hacer el trabajo. Esto es también lo opuesto de la democracia.

La democracia real

¿Cómo debe entonces realizarse la democracia en el socialismo? Esto demanda la abolición del estado y su reemplazo por un sistema de administración democrática. Esto sólo puede funcionar sobre cimientos de propiedad común y producción sólo para el uso. Propiedad común significa que todas las personas de todo el mundo estarán en igualdad de relaciones mutuas. Esta será una asociación de todos los hombre y mujeres que toman las decisiones y cooperan para producir mercancías y organizar comunidades en sus intereses mutuos.

La organización democrática de toda la gente como ciudadanos del mundo necesitaría operar mediante diferentes escalas de cooperación social. Localmente, en el poblado o en el país, debemos interactuar con nuestros vecinos. Aun ahora, hay muchos miles de hombres y mujeres de todo el país que trabajan voluntariamente en parroquias y consejos de distrito y en los vecindarios de la población en beneficio de sus respectivas comunidades. Pero estos esfuerzos se multiplicarían por las libertades de una sociedad que funcionara enteramente por cooperación voluntaria.

Tal organización local sería en el contexto de la cooperación regional que operaría adaptando las estructuras de los gobiernos nacionales del presente. Aunque serían abolidos algunos departamentos como los de administrar impuestos y las finanzas del estado, que son esenciales para el estado, otros como los de Agricultura y Medio ambiente tendrían importantes trabajos que hacer, especialmente en los primeros días del socialismo. Tales estructuras—adaptadas a las necesidades de la sociedad socialista—serían parte de consejos regionales y auxiliarían en el trabajo de llevar a la práctica las decisiones de las poblaciones regionales.

En los primeros días del socialismo es probable que la organización de la cooperación mundial necesitaría darse por medio de un consejo mundial. Como las cosas que necesitamos ahora son producidas y distribuidas mediante una estructura mundial de producción, y porque su naturaleza capitalista actual ha provocado innumerables problemas, habría que tomar medidas de escala mundial. Por ejemplo, sería una prioridad implantar tan pronto como fuera posible un sistema de suministro de energía benigno para el medio. Del mismo modo para solventar las necesidades de los millones de personas que padecen hambre y miseria desesperante se necesitaría un enorme incremento en la producción de alimentos. Para este trabajo, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas sería capaz al fin de usar su maestría y conocimiento de las condiciones del mundo para contribuir a resolver los problemas de la desnutrición. Por principio de cuentas, bajo el socialismo, la gente se enfrentaría a la enorme tarea de proveer a cada persona de vivienda segura y cómoda. Esto exigiría los esfuerzos de las comunidades de todo el mundo, especialmente en aquellas regiones en donde los medios de producción estuvieran bien desarrollados. Tales proyectos mundiales serían coordinados por los departamentos adecuados de un consejo mundial.

Cuando proponemos escalas diferentes de cooperación social, tales como la local, regional y mundial, no estamos hablando de implantar una jerarquía con poder localizado en algún punto central. Lo que prevemos es un sistema integrado y flexible de organización democrática que pudiera emprender acciones para resolver cualquier problema que se presentara en las escalas mencionadas. Así se considera que algunos problemas y las medidas para resolverlos surgirían de problemas locales y que esto se extendía a las esferas regional y mundial.

La toma de decisiones

Crucial para el asunto de la democracia no es sólo la capacidad de tomar decisiones sobre qué hacer sino también las facultades de actuar para realizar tales decisiones. Durante muchos años, en muchas naciones, los políticos capitalistas que pugnan por la presidencia han prometido resolver el problema de la vivienda, y además los de la pobreza, el desempleo, la contaminación, la delincuencia, el servicio de salud y muchos otros. No lo han hecho porque lo que en realidad buscan es hacer funcionar un sistema impulsado por el lucro, que impone limitaciones económicas severas sobre lo que puede hacerse y que como resultado no se puede controlar racionalmente. Esto convierte en caricatura la idea de la democracia. Pero con la abolición del sistema de mercado, en el socialismo, las comunidades no sólo serían capaces de tomar decisiones libres y democráticas sobre lo que es necesario hacer; también serán libres de utilizar los recursos para alcanzar los objetivos comunes.

Las disculpas que día con día oímos de los políticos capitalistas, de que carecen de dinero para resolver los problemas indica qué tan completamente el fetichismo de la moneda ha distorsionado su facultad de pensar. En realidad los problemas no se resuelven con recursos monetarios. Los resuelve la gente con su trabajo, destrezas y los materiales necesarios y de hecho hay abundancia de esos recursos materiales. Pero serán necesarias las relaciones de propiedad común liberarlos para satisfacer las necesidades de las comunidades y esto significará que las comunidades serán libres de decidir democráticamente la mejor manera de aplicar tales recursos.

Tendrán que reemplazarse las autoridades corporativas o sistemas de administración que hoy dictan cómo deben trabajar las unidades de producción, tales como las fábricas o los servicios. A las unidades pequeñas las podrán manejar los trabajadores mediante reuniones regulares. Las grandes organizaciones se harán funcionar por comités electos responsables ante la gente que trabaje en ellas. De este modo, la práctica democrática se aplicaría no sólo a las decisiones sobre las directrices que le imprimirían rumbo al desarrollo, sino que se extendería a las actividades cotidianas del lugar de trabajo.

Pero la democracia no estaría confinada al trabajo serio de la producción y el funcionamiento del lugar de trabajo. En el socialismo, la gente tendría la libertad de crear actividades deportivas, culturales y de otra índole. El entretenimiento de los visitantes de otras partes del mundo no estaría confinado traería consigo diversidad y riqueza a la vida local. Las posibilidades de toma de decisiones y la planeación y el disfrute de tales actos son interminables.

El socialismo abre un gran abanico de nuevas posibilidades. Con las poblaciones de todos los países cooperando como un sólo pueblo, trabajando conjuntamente en sus intereses comunes y celebrando sus diferencias culturales y uniéndose democráticamente en decidir la construcción de un futuro nuevo, las perspectivas no pueden ser sino verdaderamente estimulantes. Qué contraste con las perspectivas monótonas de elegir cada vez otro gobierno capitalista y seguirle prolongado la vida a un estado capitalista obsoleto.